destino


destino de rostro suave

cascada del aconquija

sol del camino claro

quién protege tu rumbo

en las cumbres puras

huella de ganado

mi amor

partido

como los árboles

de la marca del baqueano;

piedras verdes del musgo

vida en los troncos caídos

arañas grandes que uno siente

aunque no se dejen ver;

sin sendero

en los pozos hondos de la lluvia

y aguita que baja

por los surcos del mundo

desde el olimpo

destino de rostro suave

mejilla de los dioses

admiro del cerro

lo que odio en mí.

morir

pensar en atarse una sábana al cuello 

sentado sobre la cama número 4

del pabellón de casos agudos

del hospital psiquiátrico

entre armarios de madera, cucarachas, 

moscas, el balbuceo sonámbulo

de adictos que se ahogan y tosen; 

por la ventana de rejas un viento suave

soplido de dios que mueve los pinos de la calle;

un fuerte rayo de sol me recordó 

las manos de mi madre

pude sentir que ella decía:

no llames a la muerte

si no la deseas en verdad no 

la nombres

no digas las letras de la sangre 

en el pedregal del alma 

sin río y sin sol aún 

en el infierno rojo

por favor no 

llames a la muerte.