morir

pensar en atarse una sábana al cuello 

sentado sobre la cama número 4

del pabellón de casos agudos

del hospital psiquiátrico

entre armarios de madera, cucarachas, 

moscas, el balbuceo sonámbulo

de adictos que se ahogan y tosen; 

por la ventana de rejas un viento suave

soplido de dios que mueve los pinos de la calle;

un fuerte rayo de sol me recordó 

las manos de mi madre

pude sentir que ella decía:

no llames a la muerte

si no la deseas en verdad no 

la nombres

no digas las letras de la sangre 

en el pedregal del alma 

sin río y sin sol aún 

en el infierno rojo

por favor no 

llames a la muerte.