Buscan a un prófugo que secuestraba menores

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Investigación. Documentos judiciales y escuchas telefónicas prueban cómo funcionaba una red de trata de personas que secuestraba adolescentes en Argentina para venderlas como esclavas sexuales en Chile. Por Belisario Sangiorgio.

Para leer la historia completa, click aquí. 

Trata de personas y protección política

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Foto de un antro adonde había mujeres secuestradas que eran explotadas a metros del Congreso

Comparto un adelanto exclusivo del libro Los traficantes, publicado este viernes por la cooperativa de comunicación Red-Acción.

En este texto, analizo la complicidad policial y política de una mafia dedicada a capturar y explotar mujeres en el centro de la Ciudad de Buenos Aires.

Para leerlo, click aquí.

 

 

 

La expansión de las mafias en la frontera con Bolivia

*Adelanto exclusivo del libro Los traficantes, escrito por el periodista Belisario Sangiorgio

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Los hermanos Delfín y Raúl Castedo son dos pistoleros hijos de la frontera.

Hablan mal, y disparan bien.

Ambos crecieron en Salvador Mazza, provincia de Salta.

Durante 1999 comenzaron a destacarse como líderes naturales dentro de una organización que enviaba cocaína desde Argentina hacia Europa.

Pero tuvieron mala suerte.

Cuando llegó su momento de comandar las operaciones territoriales, el grupo criminal ya había sido marcado por la Justicia argentina y por los agentes de la D.E.A (Drug Enforcement Administration, EEUU).

Los federales argentinos -junto a los de Estados Unidos- investigaban a José Ernesto Aparicio, un militante local del Partido Justicalista que –por aquellos días- estaba totalmente fuera de control.

Increíblemente, Aparicio ganó en las elecciones de 2003 y asumió como diputado provincial por el departamento San Martín. Pocos días después, la viuda del narcotraficante Gilberto Villa Gómez denunciaba ante la prensa que el flamante legislador había ordenado matar a su esposo.

El diputado Aparicio trabajaba desprolijamente.

Utilizaba teléfonos registrados a su nombre, tenía antecedentes penales y creía gozar de cierta impunidad.

-¿Cuándo vas a estar en Salta?

-La semana que viene.

-Lo de Europa…está todo bien.

-¿Si?

-El efectivo está allá. Todo confirmado.

-Buenísimo.

-El ‘mazare’ está.

-¿Entonces?

-Hay que resolver cómo lo sacamos.

-Listo.

-Estamos para ‘entrar’ a operar.

-Te veo el lunes.

Si alguno de sus conocidos era capturado, Aparicio llamaba a las dependencias policiales y a los escuadrones de Gendarmería Nacional. Lentamente, el diputado perdió respeto entre los integrantes de la organización criminal. Sus socios no lo querían cerca. Sabían que el gordo hablaba mucho, y regalaba información que podía ser utilizada contra la mafia.

Por ejemplo, un traficante de poca monta de Mar del Plata declaró como testigo protegido, y dijo: “Aparicio me ofreció cuatro kilos de cocaína por U$S 25.000. Además, anotó las direcciones y los nombres de las personas que yo debería contactar en Europa”.

Mientras el diputado destruía el poco poder político que ostentaba, los hermanos Castedo aprovecharon para tomar el comando territorial de la operación vinculada al tráfico de drogas.

Una tarde, cuando por fin estuvieron solos, Delfín  y Raúl Castedo apoyaron sus pistolas en la mesa. Prepararon café. Separaron hojas de coca para mascar. Ambos sabían que el escándalo desatado por Aparicio era peligroso. Por  eso –mientras conversaban- prepararon un bolso con municiones, 10 credenciales del RENAR, una escopeta calibre 16 –sin marca- y un revólver Colt, 38 milímetros.

Luego, volvieron a la mesa. Permanecieron algunos minutos en silencio. Observaban la misma frontera que los vio nacer. Finalmente, decidieron que entregarían a un ‘perejil’, para poder trabajar tranquilos durante algunos años más. Entonces, consultaron su estrategia con los verdaderos líderes de la mafia, que aprobaron la iniciativa: la buena racha del diputado Aparicio había terminado.

Y el legislador recibió una orden clara: “¡Arreglá el quilombo que armaste, gordo pelotudo!”.

Aparicio debería silenciar las denuncias que la viuda del narcotraficante Gilberto Villa Gómez realizaba ante los periodistas, y que él mismo  -con su imprudencia- había desencadenado.

Nadie sabrá jamás qué amenazas recibió Aparicio el 21 de septiembre de 2006.

Lo cierto es que durante aquella tarde, la mismísima hermana del diputado -María Gabriela Aparicio- condujo a la viuda de Villa Gómez rumbo a una zona aislada de Salvador Mazza…para entregarla a un grupo de sicarios.

Allí, Liliana Ledesma fue asesinada con un cuchillo.

El escándalo llegó a las portadas de Buenos Aires, y Aparicio salió del juego. Sin embargo, resultaba extremadamente difícil creer la versión periodística que señalaba a Aparicio –gordo, desagradable e impresentable- como el líder de una organización criminal internacional.

El diputado del Partido Justicialista renunció a su banca provincial el 7 de noviembre de 2006.

Y el 2 de marzo de 2007 los agentes de la Unidad de Operaciones Especiales Antidrogas de Gendarmería Nacional tiraron abajo la puerta de su casa de la calle Las Heras, en la localidad de Salvador Mazza.

Allí encontraron una carabina 22 milímetros con 93 municiones, 16 cartuchos de escopeta, y 41 municiones 38 milímetros.

Con Aparicio preso, Delfín y Raúl Castedo se enfrentaron al desafío más difícil de sus vidas.

Jamás volverían a tener una oportunidad semejante para recaudar millones de dólares.

Pero mientras ellos decidían cuál sería el próximo movimiento, el Juzgado Federal de Orán ordenó capturarlos y –para encontrarlos- realizó 13 redadas simultáneas.

No pudieron hallarlos.

Los Castedo iniciaron así –en marzo de 2007- la primera etapa de su vida clandestina.

Durante esta etapa, Raúl fue detenido en Bolivia con una carga de drogas. Cuando cayó, lo trasladaron al temido penal “Palmasola”, en Santa Cruz de la Sierra.

Allí sufriría cinco largos años de encierro.

Su hermano Delfín permaneció prófugo hasta el 6 de junio de 2008, cuando un juez corrupto avaló la eximición de prisión que solicitó.

Durante todos esos meses, Delfín jamás pisó una celda.

Además, logró sostener la cadena productiva.

Recibía la pasta básica de Bolivia, la transformaba en cocaína en cocinas de Salta, y finalmente coordinaba el traslado hasta Buenos Aires.

-¿Hay ladrillo?

-Sí.

-¿Y?

-Estaba caliente. Caliente.

-¿Y?

-Fui a ver, le pregunté si estaba para cargarlo.

-¿Qué dijo?

-Por eso te llamo. Para que lo mandes al negro.

-Dale.

-El ladrillo está caliente como puta.

-Que se fijen. Que esté ‘sanito’.

-Bueno.

-Y que no vengan por la costa, porque joden con la D.E.A

 

El Ministerio Público Fiscal (MPF) señaló que Delfín Castedo –durante los años de su vida clandestina- “nunca dejó de usar el sistema” con el que contaba para “fabricar” cocaína, que luego distribuía en dos puntos específicos: Buenos Aires y Europa.

Parte de la droga viajaba a Buenos Aires, y esas cargas eran vendidas con el objetivo de “sostener los costos” de la cadena productiva. Pero los investigadores también destacaron que mientras Castedo producía droga para el circuito porteño, paralelamente continuaba “fabricando más cantidad para exportar” y obtener “grandes beneficios económicos”.

Sin embargo, más allá de que Castedo contaba con su propia “fábrica”, los investigadores del MPF aseguraron que el traficante utilizaba una importante agenda de contactos para conseguir cocaína “confeccionada” o “preparada”, que la organización “negociaba en Europa por precios superiores a los de Buenos Aires”.

En resumen, el grupo criminal para el que Castedo dirigía las operaciones territoriales –cuyos líderes aún permanecen en el anonimato- tenía tres sistemas diferentes de tráfico de drogas. Con el objetivo de desarrollar esta compleja estrategia, utilizaban al menos dos enormes fincas en Salta. Además, contaban con un galpón en Buenos Aires adonde –según el MPF- “embolsaban la droga en paquetes de 10 o 20 kilos”. En algunas ocasiones, simulaban –mediante diferentes métodos- exportaciones de carbón.

Por otro lado, los jueces Ernesto Solá y Luis Rabbi Baldi -de la Cámara Federal de Salta- destacaron que “no cualquier estructura de este tipo puede contar con la colaboración y el apoyo que recibía” la banda de Castedo.

Luego –en el procesamiento por asociación ilícita contra los hermanos Castedo- destacan que para “mantener operativa la empresa criminal”, los acusados “se habrían valido de amenazas, tenencia de armas, uso de documentos falsos y de probables apoyos externos a la organización”.

Sobre este punto, los jueces agregaron: “La empresa criminal habría recibido colaboración para entorpecer y sortear el trabajo de los investigadores”.

Los informes de inteligencia de la D.E.A ubican geográficamente a Delfín Reinaldo Castedo en Salta, pero también indican que se movía con cocaína a través de Chaco, y que participaba en “actividades vinculadas al narcotráfico, precisamente ingresando pasta base desde Bolivia a través de la frontera salteña”.

A su vez, los agentes de los Estados Unidos indicaron que Castedo habría trasladado la materia prima para producir cocaína “por el monte, hasta llegar a una finca situada en la localidad de Los Frentones, provincia de Chaco”.

Por último, la D.E.A sospechaba que la droga era trasladada “por una vía fluvial hasta Montevideo, y de allí a España o Italia”.

-Delfín.

-¿Qué pasa, ‘Hula’? Estoy ocupado.

-Te están por allanar la casa.

-¿Qué?

-Van para allá.

-¿Tengo que sacar algo?

-Yo saqué un ‘AK’. 

 

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Operativo Carbón Blanco

 

El 17 de septiembre de 2015, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Resistencia, Chaco, condenó a Carlos Salvatore por coordinar el envío de más de una tonelada de cocaína – dividida en tres cargamentos-  durante 2012. Los jueces firmaron para él una pena de 21 años de prisión.

Poco tiempo antes de la condena, cuando los agentes federales analizaban una computadora de Salvatore, encontraron un documento interesante. Según el Ministerio Público Fiscal, los peritos “extrajeron” una nota “realizada por Salvatore” en la que el abogado escribió detalles sobre “una operación que culminó en el año 2009, en la que tuvo como principal proveedor a Delfín Castedo”. En esa nota Salvatore explica que Castedo tenía “arreglos con la gente de Gendarmería Nacional”.

Por otro lado,  en diciembre de 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°2 de La Plata, Buenos Aires, condenó a Blas Norberto Barbara por “organizar y dirigir” el envío de drogas rumbo a España. Los investigadores sospechan que Salvatore era su jefe.

Cuando capturaron a Barbara, frente a su vivienda había una casa rodante con 190 kilos de cocaína.

Según consta en el expediente N°2.871/09 de la causa “Casares, Roberto Miguel y otros s/art. 866 en función del art. 864 y 865 del Código Aduanero, Ley 22.415”, en un punto no identificado de la investigación, Barbara declaró contra el salteño Castedo: “El ‘negro Delfín’ envía bolsas llenas de cocaína hasta un depósito en Campana”.

El 28 de febrero de 2013, el juez federal de Orán, Raúl Juan Reynoso, ordenó nuevamente la captura –nacional e internacional- de Delfín Castedo.

Durante casi todo ese año, Castedo continuó prófugo. A través de su abogado consiguió que -el 4 de noviembre de 2013- Reynoso concediera  nuevamente la eximición de prisión.

Luego, el 26 de noviembre, fue procesado por asociación ilícita…sin prisión preventiva.

Y escapó, por segunda vez.

Los federales capturaron el 22 de julio de 2016 al jefe de operaciones de la organización criminal que controla el ingreso de cocaína al país. Cuando le pusieron las esposas, Castedo supo que –al menos durante algunos meses- no podría seguir dirigiendo el esquema criminal.

Inmediatamente comenzó a pensar cómo delegaría las responsabilidades para no perder el negocio que habría logrado mantener durante 9 años, incluso mientras era investigado por la D.E.A

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La caída definitiva de Delfín Castedo

Apurado por las presiones que un delincuente recibe durante procesos judiciales de esta magnitud -y con su hermano Raúl también detenido- Delfín ya no tenía muchas opciones.

Las decisiones estratégicas correrían por cuenta de su esposa prófuga, Melba del Carmen Araujo.

Por otro lado, desde la prisión, Castedo ordenó que Ricardo Ervas tomara el mando en las tareas operativas.

Hasta ese día, Ervas ocupaba el tercer lugar en la línea operativa de la mafia, y Castedo lo presentaba siempre como el “administrador” de la finca “El pajeal”, ubicada en la frontera con Bolivia.

 

-Hola.

-¿Ricardo?

-Sí. ¿Cómo estás?

-Tengo que hablar con ‘la señora’.

-Hablá conmigo.

-¿Cómo está ‘el paciente’?

-Mejorando.

-¿Recibe el alta en estos días?

-No. Imposible. Todavía no.

-¿Te mandó algún encargo ‘el paciente’?

-Ninguno.

-Eso es lo que yo…bueno….no sé… ¿podría conversar con ‘la señora’?

-Hablá conmigo.

-No quiero hablar por acá.

-Te espero mañana.

-Estoy muy preocupado.

-¿Por qué?

-Las amenazas son fuertes. Ellos creen que yo estoy escondiendo el dinero.

-Tenés que decir que ‘el paciente’ está enfermo.

-Ya les dije.

-¿Y?

-No entienden…porque no encontraron nada en internet.

-Que esperen.

-Ya les dije…que tengan paciencia…que cuando saquen ‘al paciente’ de la clínica pequeña y lo lleven a una clínica más grande…ahí vamos a poder conversar sobre la operación.

 

Las intervenciones telefónicas revelan que –pese a que el mismísimo Delfín designó a Ervas como su operador territorial- en la organización había personas que intentaban llenar el espacio de poder que quedó vacío cuando cayeron los hermanos Castedo.

 

-‘Ñaño’.

-Ricardo.

-¿Cómo andás?

-Bien. ¿Vos?

-Mal, che.

-¿Por?

-Y…me están sacando, de a poco…me doy cuenta…me están sacando.

-¿‘El viejo’ metió al cuñado’?

-Está entrando el yerno…porque hay que sacar el maíz.

-¿Ya?

-Tienen que sacar el maíz. Lo tienen que sacar ahora.

-Mierda, hermano.

-Sí.

-Al menos que nos dejen hacer un viajecito.

 

Por otro lado, las tareas de inteligencia y las intervenciones en los teléfonos celulares de los miembros de la mafia muestran detalles desconocidos sobre cómo se realizan los movimientos internos en los grupos criminales cuando los ‘patrones’ terminan en el presidio.

Todas las jugadas son rápidas, con federales sobre los tobillos. Los miembros de las bandas temen que las noticias en los medios de comunicación asusten a los clientes más importantes. Trabajan contra el reloj para poder proveer la cocaína, y demostrar así que el engranaje no se ha detenido.

En esta ocasión, Ricardo Ervas –por respeto o por temor- jamás vaciló cuando Delfín o Raúl impartían órdenes desde la cárcel. Ervas no titubeó ni siquiera cuando percibía que su participación estelar en la mafia del Noroeste tenía fecha de vencimiento.

La fortaleza y la paciencia –características de quienes viven en el monte- guiaron sus decisiones. Jamás sintió miedo.

Esperó con paciencia. Escuchó los reclamos. Hasta que un día, finalmente, recibió la orden.

Debería coordinar su primera entrega de cocaína con Delfín tras las rejas, y con Melba del Carmen Araujo – la esposa del jefe – prófuga de la Justicia.

 

-¿Me llamaste, Ricardo?

-Sí.

-¿Qué pasó?

-¿El camión es grande?

-Grandecito.

-¿Scania?

-No sé.

-Calculá cuántas bolsas lleva.

-Doscientas, más o menos.

-Bueno.

-¿Ricardo?

-¿Qué?

-Yo tengo que confirmar…si hay alguna posibilidad de operar hoy, o mañana.

-‘El loco’ me dijo que yo no le de mucha plata a ‘la Melba’.

-Con ‘la señora’ acordamos que los pagos van a ser de 100 toneladas.

 

Los narcotraficantes tenían un buen concepto de Bernardo Alejandro Flores.

El transportista llevaba muchos años en el negocio y –según palabras del propio Castedo- cargaba los camiones ‘hasta la jeta’ con cocaína.

El 22 de diciembre de 2016, Ricardo Ervas vio cómo se alejaba el vehículo conducido por Flores.

Ervas aún no sentía miedo, pero esta vez sí tenía un mal presentimiento.

Pocas horas después, agentes federales del Escuadrón 45 y la Unidad de Investigaciones Judiciales de Gendarmería Nacional frenaron el camión Scania modelo DSC250 –patente AVT956- que Bernardo Alejandro Flores manejaba por la ruta nacional N°16.

Encontraron 180 kilos de cocaína.

El 28 de diciembre de 2016, un equipo de la Unidad de Operaciones Especiales Antidrogas de Gendarmería ingresó a la finca “El pajeal” y capturó a Ricardo Ervas.

Raúl y Delfín Castedo están actualmente detenidos, y en julio de 2017 la Cámara Federal de Salta decidió procesarlos por asociación ilícita.

Además, -en una causa diferente –los hermanos Castedo fueron acusados por instigar –durante 2006- el asesinato de Liliana Ledesma, viuda del narcotraficante Gilberto Villa Gómez.