Los amigos del comisario

*Adelanto del libro Las mujeres del petróleo, escrito por el periodista Belisario Sangiorgio Trogliero. 

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El 22 de octubre de 2012, una mujer que dijo llamarse Andy llamó a la Central de Comunicaciones de la Policía de Tierra del Fuego.

Dijo que no quería realizar una denuncia formal “porque temía por su vida” y aportó datos importantes que –tiempo después- permitieron quebrar parcialmente las operaciones de una banda criminal dedicada a la trata de personas en la ciudad de Río Grande.

Durante ese llamado, Andy marcó las direcciones de dos antros de explotación sexual, aseguró que allí se comercializaban drogas y explicó que sentía miedo porque “el dueño del cabaret es amigo de un comisario y hay muchos policías involucrados”.

El 27 de octubre de 2012, un grupo especial de agentes realizó tres allanamientos simultáneos.

En los inmuebles requisados aparecieron –junto a las víctimas provenientes de diferentes países- tres varones menores de edad, 11 libretas sanitarias y cuatro cédulas de identidad pertenecientes a diferentes víctimas.

Uno de los allanamientos se realizó en una vivienda ubicada sobre la calle Rivadavia 1436, en la ciudad de Río Grande. Al respecto, el expediente dice: “A fs. 126/127vta obra el acta de allanamiento en el domicilio de Rivadavia 1436. Sin moradores en la planta baja. En la planta alta de la vivienda hay tres dormitorios, y en uno de ellos había una joven durmiendo, quien resultó ser C.L.B. Ella explicó que vivía allí con cinco chicas”.

A su vez, sobre otro allanamiento –realizado en un bar ubicado en la calle Fagnano 1545- el expediente detalla que allí se encontraba “A.J.B.E, dominicana de 41 años de edad, con sus hijos C.A.M.B, dominicano de 14 años, y M.B de 9 años de edad”.

Según los documentos de la causa, las especialistas integrantes del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a Víctimas de Trata indicaron que en estos antros “advertían signos de victimización compatibles con situaciones de explotación sexual”.

Por otro lado, el equipo de rescate identificó también “la presencia de algunas modalidades frecuentes de esta actividad ilícita, como la retención de documentación y el aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad social de las víctimas”.

Finalmente, los investigadores corroborarían todos los datos aportados por Andy en su denuncia anónima: un hombre llamado Emiliano Espínola, que simulaba ser peluquero, fue condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tierra del Fuego.

Según información oficial difundida por el Ministerio Público Fiscal, le dictaron una sentencia de cuatro años y seis meses de prisión porque resultó culpable de haber “facilitado el traslado y acogido a ocho mujeres -cinco argentinas, dos de nacionalidad dominicana y una paraguaya- en situación de vulnerabilidad”, para explotarlas sexualmente en el “Bar Buenos Aires” y en un departamento.

Soldados mexicanos en Argentina

*Adelanto exclusivo del libro Los traficantes, escrito por el periodista Belisario Sangiorgio

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Informes de la D.E.A sobre los mexicanos que operaban en Bahía Blanca y Mendoza

Los seis responsables de las tareas operativas que este grupo criminal desarrolló en Bahía Blanca y en Mendoza eran sobrevivientes de la narco-guerra mexicana.

Trabajaban en dos células diferentes.

La primera y menos importante estaba constituida por Jesús Madrigal Vargas, Javier Madrigal Cabrera y Gilberto Acevedo Villanueva. Ellos eran los responsables de interactuar con los argentinos que proveían datos y herramientas logísticas para acondicionar la cocaína, que finalmente era exportada en barcos rumbo a España.

La segunda célula -que comandaba las operaciones en Argentina- estaba integrada por Juan Manuel Corza Pimentel, Rodrigo Alexander Naged Ramirez, y el líder era Max Rodríguez Córdoba.

En paralelo, la organización contaba con una estructura jurídica y administrativa comandada por Amilcar Darío Martínez.

Todos respondían a un octavo mexicano, que tiene orden de captura internacional: Rubén Luna Rodríguez.

Y Luna Rodríguez – a través de una línea directa- ejecutaba las órdenes de Kenneth Boot, jefe del grupo delictivo.

Kenneth Booth y Gayle Maureen Booth son dueños de la empresa Can Trade Connections, que operaba en Canadá, México y Argentina. Antes de ser descubiertos por investigadores de la D.E.A (Drug Enforcement Administration, EEUU), enviaron desde Argentina al puerto de Barcelona–el 6 de octubre de 2016- cuatro contenedores, con cargas de diferentes insumos que oscilaban entre los 18.000 y los 21.000 kilos.

Luego, el 7 de marzo de 2017, enviaron cuatro contenedores más, rumbo a Valencia. Las fuerzas federales argentinas y la D.E.A sospechan que en esos contendedores los traficantes podrían haber enviado drogas.

En Bahía Blanca y en Mendoza -adonde la organización acopiaba y preparaba la droga antes de la exportación- los seis soldados mexicanos planeaban detalladamente los próximos traslados de cocaína antes de ser capturados, en junio.

Gastaban poco dinero para no levantar sospechas, y contaban cada centavo…porque debían presentar las cuentas ante sus jefes.

Un análisis detallado del expediente judicial permite comprender que los mexicanos estaban muy bien entrenados.

Utilizaban, permanentemente, técnicas de contra-inteligencia. Las aplicaban en las conversaciones telefónicas, pero también cuando se movían en las ciudades y en las rutas.

Analizaban caminos y controlaban que nadie los vigilara. Cerraban los galpones para simular una parálisis en el proceso de embalaje de la cocaína, y desconcertar así a los investigadores federales.

Eran soldados discretos y desconfiados. Cuando tenían que viajar a través del país, pedían a sus compañeros que custodien las casas y habitaciones para que ningún argentino del grupo pudiera entrar.

Utilizaban dos camionetas simples, y pasaban la mayor parte del tiempo en los galpones adonde escondían los 1.862 kilos de cocaína que las fuerzas de seguridad encontraron. Cuando no estaban allí, dormían en departamentos y en casas.

Los narcotraficantes pretendían sacar la droga en bobinas de acero, preparadas para atravesar sin dificultades cualquier tipo de control fronterizo o aduanero:

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Otra de las medidas de contra-inteligencia detectadas en el expediente tiene que ver con los obreros que necesariamente los mexicanos debían contratar para que realicen diferentes tareas en los galpones adonde, supuestamente, funcionaba una empresa legal de exportación. Mientras los empleados argentinos trabajaban con los soldados mexicanos, estaban felices.

Los soldados proveían –todos los días- asados, hamburguesas y gaseosas, además de dinero para los cigarrillos y los teléfonos celulares. Jamás decían que eran mexicanos. Ante los obreros argentinos, se identificaban como uruguayos que vivían cerca de la frontera con los Estados Unidos.

Cuando los soldados mexicanos extrañaban su país, hablaban entre ellos por teléfono durante las noches…en código. Y las conversaciones personales eran breves. 

Los informes de inteligencia confirman que esta organización internacional de narcotraficantes opera en Argentina al menos desde 2014.

Durante ese año, quedó registrado el ingreso legal al país de Rodríguez Córdoba y Salazar Rodríguez, ambos jefes que supervisaban las operaciones locales del grupo criminal.

Ingresaban al país en bus desde Chile, y en otras ocasiones llegaban en avión.

Cuando los soldados arribaban en un mismo vuelo al aeropuerto, fingían no conocerse y, al salir, tomaban caminos diferentes. También se alojaban en distintos hoteles.

Los informes de la D.E.A permiten comprender el perfil de los narcotraficantes que fueron enviados a la Argentina, con una misión asignada por Kenneth Booth y Gayle Maureen Booth.

Por ejemplo, Jesus Madrigal Vargas no tomaba decisiones. Escuchaba y ejecutaba las órdenes que recibía. Se movía entre Bahía Blanca, Buenos Aires y Mendoza. Tiene 29 años, nació en el violento estado mexicano de Michoacan, y el 11 de agosto de 2006 lo arrestaron con cien kilos de cocaína en Philadelphia, Estados Unidos.

Madrigal Vargas sobrevivió a las prisiones de los EEUU, y el 10 de marzo de 2008 lo deportaron. Para él –pese a que era un soldado raso del grupo criminal- los días en Argentina eran como unas vacaciones.

Kenneth Booth, el líder de la organización –que tiene domicilio en Buenos Aires pero realmente vive en Canadá- también fue detenido años antes de ser detectado en estos operativos. El informe de la D.E.A sostiene que lo arrestaron en 1977 en Canadá con “10 libras de marihuana” y posteriormente -en 1983- “se lo había mencionado como el financista en la compra de 44 kilos de cocaína y 6.000 libras de marihuana, en Blaine, Estados Unidos”. Por último, los documentos también lo vinculan con una reciente incautación de 212 kilos de marihuana en Texas, Estados Unidos.

El mismo informe de los agentes federales de EEUU aporta detalles sobre la vida de Rodrigo Alexander Naged Ramírez, que también operó en Argentina…pero como segundo jefe de las operaciones de traslado y acopio de cocaína en Bahía Blanca, Mendoza y Buenos Aires. Nació en Tolima, Colombia, el 6 de julio de 1958 y “reportes de inteligencia lo  ubican hace mucho tiempo envuelto en actividades de drogas”. Además, los documentos internacionales destacan que –antes de llegar a la Argetina- Naged habría estado vinculado con “el envío de grandes cantidades de cocaína desde Colombia a distintas partes del mundo”. Nunca pisó una prisión, al menos con esta identidad.

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Operativos en junio para secuestrar la droga

Hay que decirlo: los soldados mexicanos fueron prolijos. Sin la intervención de la D.E.A, no hubieran sido descubiertos jamás. Luego de 40 allanamientos realizados en todas las ciudades argentinas que los narcotraficantes pisaron, las fuerzas de seguridad no encontraron ni una sola ametralladora.

Pero sí, por ejemplo, los federales secuestraron una avioneta Cessna en un campo de Chaco.

Como se dijo antes, los seis principales soldados eran coordinados por Rubén Luna Rodríguez que –como Juan Manuel Corza y Javier Madrigal Cabrera- aún tiene una orden de captura internacional emitida por la Justicia argentina.

El 18 de junio de 2017, Kenneth Booth y Gayle Maureen Booth deben haber imaginado que la operación llegaba a su fin: los soldados mexicanos dejaron de atender los teléfonos. Dos días después, recibieron la confirmación oficial…cuando la D.E.A frenó un barco en Canadá, e informó a la Agencia de Control Fronterizo qué contenedor debería abrir para encontrar 272 kilos de cocaína provenientes de México.

Crónica sobre la crueldad de los narcos peruanos

Por Belisario Sangiorgio

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Una imagen de los operativos realizados para cortar las actividades de los narcotraficantes

-¿Conseguís herramientas?

-¿Qué herramientas querés?

-Algo grande, para hacer un buen ruido. 

-El que tenía era el ‘pibito’ de ahí…pero no sé. Esa ‘mina’…a la que le mandaste mensaje…ella tenía uno.  

-Se pudrió todo en ‘Rodríguez’. Pero vuelvo al barrio para buscar revancha.

 

Fuentes judiciales confirmaron a este sitio que al menos siete narcotraficantes –todos detenidos durante los últimos días de junio tras una serie de allanamientos- forzaban a una adolescente de 14 años a entregar paquetes de cocaína, y también la obligaban a recaudar el dinero de las ventas.

Además, los reportes de policías infiltrados revelan que los delincuentes “disimulaban sus movimientos con la permanencia de mujeres y niños en las inmediaciones para no ser fácilmente detectados”. Por otro lado, las escuchas telefónicas confirman que los traficantes capturados eran realmente violentos.

Este grupo vendía drogas en Plaza Miserere, el enorme parque ubicado junto a la estación Once del ferrocarril Sarmiento, desde marzo de este año. Las transacciones se realizaban durante los siete días de la semana, a toda hora.

Pese a que el grupo no era pequeño, en realidad simplemente funcionaba como una célula de otra organización mayor, cuyos líderes serían narcotraficantes peruanos. 

Las escuchas telefónicas confirman que una mujer -cuyas iniciales son P.P.Z- coordinaba a los miembros de esta célula, y obligaba a su hija de 14 años a trasladar cocaína. A su vez, P.P.Z  era la encargada de contactarse con el eslabón superior de la cadena criminal, es decir con los traficantes que le proveían cocaína. La casa de esta mujer está ubicada en una  zona residencial de Capital Federal, y fue el objetivo principal del operativo federal.  

Además, se allanaron viviendas en los partidos bonaerenses de Merlo, Moreno y La Matanza.

Los agentes federales encontraron droga, teléfonos celulares, $27.000 pesos y balanzas, además de otros elementos que sirven para cortar y fraccionar estupefacientes.

Por otro lado, la policía pudo capturar a algunos de los criminales que integraban esta célula criminal mientras vendían drogas en Plaza Miserere. Uno de ellos tenía –en los bolsillos- 29 pequeños paquetes de cocaína, casi mil pesos en efectivo, y marihuana.

En este punto, cabe destacar que –durante su declaración judicial- el detenido admitió que, cuando fue capturado, estaba junto a su mujer embarazada (también imputada) y su pequeño niño.  Todos los sospechosos están acusados de comercializar drogas de forma organizada, valiéndose de una adolescente para concretar su objetivo.  

Por otro lado, al menos dos intervenciones telefónicas revelan que los narcotraficantes detenidos manejaban armas de fuego.

 

-Pregunta ‘Johny’ si le prestás tu fierro. 

-A la noche voy para allá. 

-Pregunta si le prestás tu fierro. 

-Llevalo. Yo tengo plata para las balas. Cerrá todo bien, y yo voy para allá a la noche. 

Bueno.