sueños

vengo desde el infierno 

de la miseria cruel

con los confinados 

de los lejanos muros del destino;

vengo viajando por pueblos 

abandonados

en la lenta muerte del desierto 

en las tumbas pequeñas

con los santos paganos

al costado de la ruta árida;

he dejado mi dolor 

en el olvido de la luna

que aquella noche iluminaba 

todo el valle 

de los calchaquíes. 

morir

pensar en atarse una sábana al cuello 

sentado sobre la cama número 4

del pabellón de casos agudos

del hospital psiquiátrico

entre armarios de madera, cucarachas, 

moscas, el balbuceo sonámbulo

de adictos que se ahogan y tosen; 

por la ventana de rejas un viento suave

soplido de dios que mueve los pinos de la calle;

un fuerte rayo de sol me recordó 

las manos de mi madre

pude sentir que ella decía:

no llames a la muerte

si no la deseas en verdad no 

la nombres

no digas las letras de la sangre 

en el pedregal del alma 

sin río y sin sol aún 

en el infierno rojo

por favor no 

llames a la muerte.