santa

no tuve miedo en las orillas del río

y aunque era oscura aquella calle

de las casitas del puerto

caminé solo durante horas;

me detuve sin motivo en una esquina

y vi una puerta de madera

que decía tu nombre

ave maría purísima;

eran las cuatro de la madrugada

y a través de las persianas

con los primeros cantos de los pájaros

pude escuchar cómo una anciana

rezaba en voz alta:

te pido

que junto con todos los santos

protejas a mi familia

y protejas este hogar,

imploraba la señora;

y yo pude sentir el olor de flores bellas

blancas

en esa puerta

lloré sentado

con un cigarro en mi mano

porque supe que estabas allí conmigo

y no tuve miedo a orillas del río.

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