Despedidas

Murió porque se abandonó a la depresión cuando su mujer lo dejó por holgazán; no iba nunca a trabajar y la esposa se alejó y él quedó viviendo con su suegra. Comenzó a tomar esas petacas de whisky barato y fumar de los cigarros Viceroy; y murió pronto, ahogado con su propio vómito o algo así. Fue una muerte diferente a la de Oscar, que murió en una colisión con la motocicleta cuando venía manejando rápido y cegado.

Fue diferente porque la muerte de Oscar -además- trajo otra muerte: la madre de mi amigo no aguantó el dolor y se suicidó encerrada en una cocina, gas abierto, un cigarro prendido. Un incendio.

Y a su vez estas tres muertes fueron diferentes a la del padre de Sebastián, al que le volaron la cabeza en un asalto; todavía no se veía el sol, y eran como las seis de la mañana y el pibe estaba ahí sentado y lloraba.

Y Hernán. Que murió inconsciente, en coma inducido por fármacos. Ahora, su corto paso por aquí es solamente un recuerdo; fue un joven bueno, que prometió en terapia intensiva cambiar su visión del mundo y enfrentar la vida. Prometió caminar recto si acaso la muerte le daba revancha. Pero la muerte lo quebró igual.

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