El inadaptado – Capítulo 6

Año 2009

Los traficantes del barrio de Once tenían sus brazos tatuados y recorrían el interminable pasillo hasta el fondo de la planta baja.

Luego subían por unas escaleras oscuras hasta el departamento del primer piso; el departamento que no tenía ni cerradura ni picaporte, sino una puerta de madera detonada a patadas.

Una tarde Federico llegó desde Merlo, provincia de Buenos Aires, con treinta y dos frascos de flores de marihuana. Los llevaba en el baúl de un Corsa dorado, marca Chevrolet. Cuando ingresó en el departamento, habló rápido y en un tono agresivo.

Se quitó el abrigo y apoyó su pistola 9 milímetros junto al rifle semiautomático que ya estaba sobre la mesa desde las primeras horas de aquella tarde.

-¿Conseguiste el fierro que te pedí? – preguntó tras prender un cigarro.

-Todavía no pintó nada – dijo Luis.

-Lo necesito para esta semana, amigo. 

-Capaz sale un 22. 

-Me sirve. 

-¿Cuánto por cada frasco? 

-$350 pesos – respondió Federico, mientras la música sonaba fuerte en los parlantes y dos velas rojas y una blanca iluminaban imágenes de San La Muerte, en el fondo del living del departamento.

Algunas mujeres rubias conversaban sobre negocios y dinero en la cocina y en el patio de aquel loft semi-destruído que estaba ubicado en el límite de Balvanera y Recoleta. En el aire se escuchó el sonido de varias motos que pasaron a toda velocidad bajo las estrellas difusas de Buenos Aires.


 

 

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