Plegarias

1.

Ya no me arrodillo ante falsos profetas

Ante ninguna estatua de esas que los paganos adoran, ya

No busco dinero ni alimentos de este infierno

Que nos envuelve con dedos tibios y falsos

Signos de hogar.

Soy de otro tiempo,

Nací en los sueños que el mensajero

Cantó con los pájaros de una nube de hojas de primavera.

Y ahora solamente me arrodillo frente a Dios, su hijo,

la madre de su hijo, y los ángeles que cuidan

Estas calles desoladas de la madrugada eterna

En la que forjamos nuestras mentes peligrosas;

Nuestras causas y nuestros motivos de hambre,

Nuestras noches a la vera de la muerte sometidos

Al pecado de la carne frágil como hojas marrones

De un árbol de un otoño.

Los dolores más severos fueron

Señales en el camino de los guerreros

Extraviados.

 

2.

Y si equivoco mi camino, Padre,

Que nada duela tanto como el pasado

Que la yerra de la vida no arda

Como la yerra del pecado que marca

Mi deseo de reconocer que nada soy

Más allá del don que obtuve

Sin pedidos pero también sin clemencia,

Que nada soy sin los ángeles,

Sin mis muertos, sin la cruz,

Que desde aquel Olimpo transparente

Marcan el pulso irascible

De los ecos de las voces del futuro

Que me dicen

Cómo llegar a la gloria del espíritu.

 

3.

Reconozco el óxido

En la tierra seca de

Las uñas que rasgan

Telas agrietadas en la coraza

Desaparecida de tus líneas de piel

Y allí huelo el resguardo insatisfecho

De las jaurías en la oscuridad

De las estrellas que pulsan

El ingenio cautivo

Y los anhelos

Vacuos.

Reconozco y huyo.

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