Los brazos de las mafias

*Adelanto del libro Las mujeres del petróleo, que será publicado próximamente por el periodista Belisario Sangiorgio Trogliero

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M.C.N viajaba con los ojos cerrados. Pero los nervios no le permitían conciliar el sueño. Esporádicamente, miraba el paisaje a través de la ventana del ómnibus, y luego volvía a bajar sus párpados para sumergirse en la calma de la oscuridad. Tras esperar algunos instantes, pudo dormirse.

Luego de varias horas, despertó por los gritos de un bebé.

Pese a que el niño interrumpió su descanso, M.C.N permaneció recostada, con sus pequeñas piernas recogidas sobre el asiento.

Cuando escuchó un nuevo grito del bebé, giró su cabeza en dirección al pasillo del colectivo, y pudo notar que la butaca contigua –adonde viajaba su prima- estaba vacía.

Así que M.C.N bajó rápidamente hasta el baño.

-¿Está ocupado? – preguntó la adolescente a una jubilada que viajaba al lado de la escalera.

-Sí. Está ocupado – respondió la mujer.

Entonces, M.C.N apoyó su oreja contra la puerta del baño. Adentro, reconoció la voz de su prima, que hablaba por teléfono: “Ya te dije, Karina. La pendeja tiene 17 años. Te vas a llenar de plata. La podés llevar a Río Gallegos, a La Rioja. Pero necesito que compres ropa. Y también necesito que compres una tarjeta para el teléfono porque me estoy por quedar sin crédito”.

Al escuchar esta conversación, la adolescente regresó presurosamente hasta su asiento, y volvió a recostarse –mirando la ventana- para simular que dormía.

Su prima, Verónica de Jesús Olivera, volvió del baño a los pocos segundos.

-Che. Che. ¿Te dormiste? – preguntó.

Pero M.C.N no respondió, y Verónica tomó un atado de cigarrillos, dejó el celular en el asiento, y se dirigió a la cabina de los choferes para fumar con los dos gordos tucumanos que manejaban el ómnibus de la empresa Vía Tac.

Fue en ese momento que M.C.N tomó el teléfono de Verónica y llamó a Tucumán. Mientras discaba el número de su madre, le preguntó a un hombre en qué parte de la ruta estaban.

-Falta una hora para llegar a Córdoba – respondió él.

El teléfono sonaba, pero nadie atendía del otro lado, y M.C.N comenzó a desesperarse. Entonces, la joven escribió mensajes de texto a diferentes miembros de su familia para avisar que, algunas horas antes y sin decir nada, había partido desde la terminal de San Miguel junto a su prima, Verónica.

La respuesta fue inmediata, porque todos los miembros de la familia sabían que –tiempo atrás y a muy temprana edad- Verónica de Jesús Olivera desapareció de su hogar. Y sabían que actualmente ella estaba bajo control de algunos despiadados proxenetas que regentean los antros de la prostitución en esas zonas del Noroeste.

Por eso, cuando María Cortez leyó los mensajes que su hija envió desde el ómnibus, no dudo un solo instante.

Se dirigió rápidamente a las oficinas de la División Trata de Personas de la Policía de Tucumán y realizó la denuncia por la desaparición de su hija, M.C.G.

La adolescente creció en un hogar pobre de Tucumán. En 2008, tenía 17 años y pronto obtendría los diplomas necesarios para comenzar trabajar como profesora de danzas folclóricas. Mientras tanto, su madre juntaba cartones en las calles para poder pagar los alimentos.

Una tarde en la que madre e hija discutieron, Verónica de Jesús Olivera le ofreció a la adolescente la posibilidad de viajar juntas para trabajar en otra ciudad.

M.C.G aceptó.

Manipulada por su propia prima, robó el documento de una hermana que era mayor de edad. Así, sus captores podrían obligarla a ejercer la prostitución sin riesgos.

Según declara la familia, tres semanas antes, esta prima había comenzado a acercarse a la adolescente.

Todos desconfiaban de ella, que parió un bebé a los 12 años y –por el hambre- quedó cautiva en las redes de prostitución de Tucumán.

Viajaba por todo el país y poco sabían sobre sus andanzas en las casas de sus parientes.

Esta extraña reaparición generaba suspicacias. Pero nadie en aquellos humildes pagos decidió discriminarla ni juzgarla.

Sin embargo, Verónica –probablemente manipulada por la mafia- decidió traicionar a la familia y vender a su pequeña prima como esclava sexual.  En su declaración, se negaría a revelar datos acerca de las personas que le habían encomendado el secuestro de M.C.G.

El día de la desaparición, ambas se dirigieron a la terminal de ómnibus. Alguien –desde Córdoba- ya había comprado los pasajes para viajar hasta puerto San Julián, en Santa Cruz.

Sin embargo, por la denuncia de la madre de la joven, Verónica de Jesús Olivera fue capturada el 22 de mayo de 2008 en medio del camino, tras la articulación de diferentes fuerzas de seguridad ´provinciales. La estaban esperando en una parada programada del ómnibus.

La esposaron y fue obligada a desnudarse en un pequeño baño de una terminal. Luego, agentes policiales la trasladaron hasta un presidio para que sea encarcelada preventivamente. Y los investigadores judiciales se plantearon aquí una pregunta: ¿quién iba recibiría a la pequeña M.C.G en puerto San Julián?

A través de trabajos de inteligencia e intervenciones telefónicas obtuvieron la respuesta: Ana Alicia Taviansky, hija de Elsa Oyarzún y de Pedro Taviansky.

Nació el 7 de octubre de 1951 y tiene domicilio registrado en la ciudad de Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut.

Ella misma admitió administrar un “club nocturno” en puerto San Julián desde 1999. Sobre las pruebas en su contra, dice el expediente judicial que “su actividad principal” y “evidente” era “regentear cabarets y prostíbulos en el municipio” adonde “las mujeres prestaban servicios sexuales”.

Al valorar las pruebas, el Tribunal Oral Federal de Tucumán explicó: “Quedó probado que ésta acusada financió el viaje, ya que la condición de extrema pobreza que tenían tanto la víctima como la imputada Olivera, conforme a los informes socio ambientales realizados respecto de cada una de ellas, y las declaraciones testimoniales de familiares de ambas, permiten afirmar que les hubiera resultado imposible la compra de los pasajes, que fue realizada “en la ciudad de Rio Cuarto, Córdoba”.

En este punto, cabe destacar que si la compra de los pasajes se realizó allí, la red de trata de personas podría tener en esta localidad, al menos, un cómplice.

En su declaración indagatoria, Taviansky intentó limpiar un poco su imagen criminal y –para eso- tuvo que arrojar información sobre otros criminales de la zona y aseguró que, cuando ella fue detenida, en puerto San Julián había al menos otros cinco antros de explotación sexual funcionando.

Finalmente, el 29 de diciembre de 2015, la sala IV de la Cámara de Casación Penal condenó a Taviansky a “la pena de siete años de prisión por considerarla autora penalmente responsable del delito de trata de personas menores de edad con fines de explotación”. Por su parte, Olivera fue condenada “a la pena de tres años de prisión” porque la Justicia considera que fue “partícipe necesaria”.

by the sea (2)

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