Soldados mexicanos en Argentina

*Adelanto exclusivo del libro Los traficantes, escrito por el periodista Belisario Sangiorgio

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Informes de la D.E.A sobre los mexicanos que operaban en Bahía Blanca y Mendoza

Los seis responsables de las tareas operativas que este grupo criminal desarrolló en Bahía Blanca y en Mendoza eran sobrevivientes de la narco-guerra mexicana.

Trabajaban en dos células diferentes.

La primera y menos importante estaba constituida por Jesús Madrigal Vargas, Javier Madrigal Cabrera y Gilberto Acevedo Villanueva. Ellos eran los responsables de interactuar con los argentinos que proveían datos y herramientas logísticas para acondicionar la cocaína, que finalmente era exportada en barcos rumbo a España.

La segunda célula -que comandaba las operaciones en Argentina- estaba integrada por Juan Manuel Corza Pimentel, Rodrigo Alexander Naged Ramirez, y el líder era Max Rodríguez Córdoba.

En paralelo, la organización contaba con una estructura jurídica y administrativa comandada por Amilcar Darío Martínez.

Todos respondían a un octavo mexicano, que tiene orden de captura internacional: Rubén Luna Rodríguez.

Y Luna Rodríguez – a través de una línea directa- ejecutaba las órdenes de Kenneth Boot, jefe del grupo delictivo.

Kenneth Booth y Gayle Maureen Booth son dueños de la empresa Can Trade Connections, que operaba en Canadá, México y Argentina. Antes de ser descubiertos por investigadores de la D.E.A (Drug Enforcement Administration, EEUU), enviaron desde Argentina al puerto de Barcelona–el 6 de octubre de 2016- cuatro contenedores, con cargas de diferentes insumos que oscilaban entre los 18.000 y los 21.000 kilos.

Luego, el 7 de marzo de 2017, enviaron cuatro contenedores más, rumbo a Valencia. Las fuerzas federales argentinas y la D.E.A sospechan que en esos contendedores los traficantes podrían haber enviado drogas.

En Bahía Blanca y en Mendoza -adonde la organización acopiaba y preparaba la droga antes de la exportación- los seis soldados mexicanos planeaban detalladamente los próximos traslados de cocaína antes de ser capturados, en junio.

Gastaban poco dinero para no levantar sospechas, y contaban cada centavo…porque debían presentar las cuentas ante sus jefes.

Un análisis detallado del expediente judicial permite comprender que los mexicanos estaban muy bien entrenados.

Utilizaban, permanentemente, técnicas de contra-inteligencia. Las aplicaban en las conversaciones telefónicas, pero también cuando se movían en las ciudades y en las rutas.

Analizaban caminos y controlaban que nadie los vigilara. Cerraban los galpones para simular una parálisis en el proceso de embalaje de la cocaína, y desconcertar así a los investigadores federales.

Eran soldados discretos y desconfiados. Cuando tenían que viajar a través del país, pedían a sus compañeros que custodien las casas y habitaciones para que ningún argentino del grupo pudiera entrar.

Utilizaban dos camionetas simples, y pasaban la mayor parte del tiempo en los galpones adonde escondían los 1.862 kilos de cocaína que las fuerzas de seguridad encontraron. Cuando no estaban allí, dormían en departamentos y en casas.

Los narcotraficantes pretendían sacar la droga en bobinas de acero, preparadas para atravesar sin dificultades cualquier tipo de control fronterizo o aduanero:

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Otra de las medidas de contra-inteligencia detectadas en el expediente tiene que ver con los obreros que necesariamente los mexicanos debían contratar para que realicen diferentes tareas en los galpones adonde, supuestamente, funcionaba una empresa legal de exportación. Mientras los empleados argentinos trabajaban con los soldados mexicanos, estaban felices.

Los soldados proveían –todos los días- asados, hamburguesas y gaseosas, además de dinero para los cigarrillos y los teléfonos celulares. Jamás decían que eran mexicanos. Ante los obreros argentinos, se identificaban como uruguayos que vivían cerca de la frontera con los Estados Unidos.

Cuando los soldados mexicanos extrañaban su país, hablaban entre ellos por teléfono durante las noches…en código. Y las conversaciones personales eran breves. 

Los informes de inteligencia confirman que esta organización internacional de narcotraficantes opera en Argentina al menos desde 2014.

Durante ese año, quedó registrado el ingreso legal al país de Rodríguez Córdoba y Salazar Rodríguez, ambos jefes que supervisaban las operaciones locales del grupo criminal.

Ingresaban al país en bus desde Chile, y en otras ocasiones llegaban en avión.

Cuando los soldados arribaban en un mismo vuelo al aeropuerto, fingían no conocerse y, al salir, tomaban caminos diferentes. También se alojaban en distintos hoteles.

Los informes de la D.E.A permiten comprender el perfil de los narcotraficantes que fueron enviados a la Argentina, con una misión asignada por Kenneth Booth y Gayle Maureen Booth.

Por ejemplo, Jesus Madrigal Vargas no tomaba decisiones. Escuchaba y ejecutaba las órdenes que recibía. Se movía entre Bahía Blanca, Buenos Aires y Mendoza. Tiene 29 años, nació en el violento estado mexicano de Michoacan, y el 11 de agosto de 2006 lo arrestaron con cien kilos de cocaína en Philadelphia, Estados Unidos.

Madrigal Vargas sobrevivió a las prisiones de los EEUU, y el 10 de marzo de 2008 lo deportaron. Para él –pese a que era un soldado raso del grupo criminal- los días en Argentina eran como unas vacaciones.

Kenneth Booth, el líder de la organización –que tiene domicilio en Buenos Aires pero realmente vive en Canadá- también fue detenido años antes de ser detectado en estos operativos. El informe de la D.E.A sostiene que lo arrestaron en 1977 en Canadá con “10 libras de marihuana” y posteriormente -en 1983- “se lo había mencionado como el financista en la compra de 44 kilos de cocaína y 6.000 libras de marihuana, en Blaine, Estados Unidos”. Por último, los documentos también lo vinculan con una reciente incautación de 212 kilos de marihuana en Texas, Estados Unidos.

El mismo informe de los agentes federales de EEUU aporta detalles sobre la vida de Rodrigo Alexander Naged Ramírez, que también operó en Argentina…pero como segundo jefe de las operaciones de traslado y acopio de cocaína en Bahía Blanca, Mendoza y Buenos Aires. Nació en Tolima, Colombia, el 6 de julio de 1958 y “reportes de inteligencia lo  ubican hace mucho tiempo envuelto en actividades de drogas”. Además, los documentos internacionales destacan que –antes de llegar a la Argetina- Naged habría estado vinculado con “el envío de grandes cantidades de cocaína desde Colombia a distintas partes del mundo”. Nunca pisó una prisión, al menos con esta identidad.

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Operativos en junio para secuestrar la droga

Hay que decirlo: los soldados mexicanos fueron prolijos. Sin la intervención de la D.E.A, no hubieran sido descubiertos jamás. Luego de 40 allanamientos realizados en todas las ciudades argentinas que los narcotraficantes pisaron, las fuerzas de seguridad no encontraron ni una sola ametralladora.

Pero sí, por ejemplo, los federales secuestraron una avioneta Cessna en un campo de Chaco.

Como se dijo antes, los seis principales soldados eran coordinados por Rubén Luna Rodríguez que –como Juan Manuel Corza y Javier Madrigal Cabrera- aún tiene una orden de captura internacional emitida por la Justicia argentina.

El 18 de junio de 2017, Kenneth Booth y Gayle Maureen Booth deben haber imaginado que la operación llegaba a su fin: los soldados mexicanos dejaron de atender los teléfonos. Dos días después, recibieron la confirmación oficial…cuando la D.E.A frenó un barco en Canadá, e informó a la Agencia de Control Fronterizo qué contenedor debería abrir para encontrar 272 kilos de cocaína provenientes de México.

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