Plegarias

1.

Ya no me arrodillo ante falsos profetas

Ante ninguna estatua de esas que los paganos adoran, ya

No busco dinero ni alimentos de este infierno

Que nos envuelve con dedos tibios y falsos

Signos de hogar.

Soy de otro tiempo,

Nací en los sueños que el mensajero

Cantó con los pájaros de una nube de hojas de primavera.

Y ahora solamente me arrodillo frente a Dios, su hijo,

la madre de su hijo, y los ángeles que cuidan

Estas calles desoladas de la madrugada eterna

En la que forjamos nuestras mentes peligrosas;

Nuestras causas y nuestros motivos de hambre,

Nuestras noches a la vera de la muerte sometidos

Al pecado de la carne frágil como hojas marrones

De un árbol de un otoño.

Los dolores más severos fueron

Señales en el camino de los guerreros

Extraviados.

 

2.

Y si equivoco mi camino, Padre,

Que nada duela tanto como el pasado

Que la yerra de la vida no arda

Como la yerra del pecado que marca

Mi deseo de reconocer que nada soy

Más allá del don que obtuve

Sin pedidos pero también sin clemencia,

Que nada soy sin los ángeles,

Sin mis muertos, sin la cruz,

Que desde aquel Olimpo transparente

Marcan el pulso irascible

De los ecos de las voces del futuro

Que me dicen

Cómo llegar a la gloria del espíritu.

 

3.

Reconozco el óxido

En la tierra seca de

Las uñas que rasgan

Telas agrietadas en la coraza

Desaparecida de tus líneas de piel

Y allí huelo el resguardo insatisfecho

De las jaurías en la oscuridad

De las estrellas que pulsan

El ingenio cautivo

Y los anhelos

Vacuos.

Reconozco y huyo.

Opinión

Los invisibles y las democracias

“No ser representado es, en efecto, ser un invisible en la esfera pública; que los problemas de su vida no sean tenidos en cuenta y discutidos” – Pierre Rosanvallon.


Por Belisario Sangiorgio

Los humanos invisibles de las democracias constituyen grupos enormes, grupos móviles, cambiantes, que nacen y se disuelven en el tenso fragor de las pujas electorales; los humanos invisibles de las democracias constituyen ghettos que pueden ser físicos pero también ideológicos, y que –aún atravesados en su heterogeneidad interna por el sufragio universal- ocupan en este mundo rincones macabros adonde la luz de la libertad no llega completa ni para encender la participación social cotidiana, ni para emancipar a nadie, ni para guiar decisiones ciudadanas orientadas al desarrollo individual, al desarrollo colectivo o –mucho menos- a la superación intelectual.

Sobre las garantías –o la falta de garantías- que la democracia ofrece (como régimen político, como sistema, como realidad humana) a la población en general, y a los invisibles en particular,  Raymond Aron explica en su texto Introducción a la filosofía política: “El sistema de competición electoral no implica la seguridad de las personas, es decir: que la participación en la competición electoral no entraña necesariamente el respeto por los derechos personales del conjunto de la sociedad”. La democracia y una total desigualdad social pueden –según Araon- coexistir normalmente.

Al explicar por qué actualmente las elecciones poseen una capacidad notablemente disminuida de representación, Pierre Rosanvallon escribió: “El individuo-historia, necesariamente singular, se ha superpuesto así al individuo-condición, más bien identificado de manera estable con un grupo constituido en torno de una característica central. […] No es tanto la designación de un representante lo que se vuelve necesario en este caso, sino la consideración de las experiencias y las situaciones vividas […] Una sociedad con déficit de representación de sí misma oscila, en efecto, entre la pasividad y el miedo”.

Hablamos aquí –ni más ni menos- sobre las frustraciones y muertes que encuentran sus causas en las democracias inacabadas, que encuentran sus causas en la “entropía democrática”, en la ausencia de ciudadanía, en la falta de deliberación pública, en la falta de control sobre los representantes: hablamos de los invisibles, de los cadáveres del odio en Rusia, también de las municiones paramilitares en las cabezas de los opositores venezolanos y nicaragüenses; hablamos de los religiosos que son segregados y se convierten en terroristas religiosos en Europa y Estados Unidos, hablamos de las víctimas de estos terroristas; aquí hablamos de los cadáveres que cuelgan de los puentes del narcoestado mexicano y de los sicarios políticos de los cárteles; hablamos aquí –en definitiva- de los invisibles y sus inacabadas existencias.

Rosanvallon, al analizar los defectos de la democracia de autorización, escribió: “Para los ciudadanos, la falta de democracia significa no ser escuchados, ver que las decisiones se toman sin consulta, que los ministros no cumplen responsabilidades, que los dirigentes mienten con impunidad, o constatar que la corrupción abunda. […] En la época del predominio del Poder Ejecutivo, la clave de la democracia reside en las condiciones de control de este último por parte de la sociedad”. Según Rosanvallon, la construcción de una democracia de confianza y de una democracia de apropiación son las dos claves del progreso democrático en nuestra época, la presidencial-gobernante. Sin embargo, destaca que los principios regentes en ambas –es decir, principios de buen gobierno- deben ser aplicados por todas las personas comprendidas en esa línea imaginaria que une al primero con el último ciudadano.

Así, el texto Las democracias del Siglo XXI nos indica que  llegaremos a la participación real de los invisibles tras una nueva revolución que nos posicione en una democracia poselectoral, adonde se instauren –entre otros principios- la integridad y la parresía: “Nuestros regímenes pueden llamarse democráticos, pero aún así no somos gobernados democráticamente. Este es el gran hiato que alimenta el desencanto y el desconcierto contemporáneos”.

Actualmente, según Rosanvallon, la palabra mayoría carece del valor simbólico que poseía, y la palabra pueblo es el plural de minoría, entendiendo al pueblo ya no como una masa homogénea sino como “una suma de situaciones específicas”. Y las situaciones específicas de los invisibles son aquellas que las fallas de la representación y de la legitimación de poderes de la democracia dejan fuera de todo debate. “La democracia no puede vivir si los hombres y las mujeres no se reconocen como son para formar un mundo común”, escribió Rosanvallon.

¿Es libre una persona cuyos intereses no se ven reflejados en el ejercicio electoral ni en el simple y derruido proceso de “nominación” y “validación” de  gobernantes? En su texto Teoría general de la política, Norberto Bobbio cita a John Stuart Mil: “Mientras la autocracia necesita de ciudadanos pasivos, la democracia sobrevive solo si puede contar con un número cada vez mayor de ciudadanos activos”.

Pero, actualmente, la crisis de representación, entre otras cosas, aleja completamente a estos ciudadanos activos de la conciencia del compromiso con el sufragio y la competencia pacífica por el poder, que los impulsa –al menos y hasta ahora- a las urnas en los comicios en electorales.

Raymond Araon explica respecto de los invisibles que la democracia “respeta, al menos, determinadas minorías”.  En este sentido, agrega que “un sistema de democracia que funciona no asegura a los individuos garantías absolutas contra todos los excesos del poder, pues siempre existen los excesos del poder, pero asegura más garantías contra los excesos de poder que cualquier otro régimen”.

Me atrevo a decir, entonces, que en América Latina los invisibles no sólo son las minorías ignoradas, sino también las víctimas de la violencia institucional, del delito organizado con connivencia estatal.

Por último, en relación a los invisibles, Araon señala que “el sistema de competición electoral está en la línea de una evolución que tiende al crecimiento de las garantías que reclaman los gobernados a los gobernantes, o más aún, a la sustitución progresiva de los representantes de los gobernados por un poder ejecutivo de origen diferente”.

Y al analizar los tres significados (enumerados por Araon) que la palabra libertad tiene en la competencia electoral, no puedo evitar pensar en la certeza de que en mi país –por ejemplo- es inmensa la cantidad de invisibles limitados. Quiero decir: son los marginados, los olvidados, libres políticamente porque asisten a las urnas, pero no están protegidos contra la arbitrariedad de los que detentan el poder y mucho menos son libres para realizarse en la vida social, sobre todo por las fuertes fronteras que el capitalismo extorsivo impone a los trabajadores de los barrios obreros.

Trata de personas en las fronteras argentinas

*El capítulo completo -con expedientes y documentos- fue publicado en  el libro Los traficantes de Belisario Sangiorgio.


 

-¿Cómo andás?

-Bien. Ya estoy en Salta. ¿Por qué?  

-No…yo te pregunto, porque mi hermano es directivo de la Cámara del Tabaco. Siempre vienen ‘vagos’ de Buenos Aires. De la Secretaría de Recursos Naturales de la Nación [sic]. Y ellos…nosotros conocemos un par.

-Seguro.

-Una rubia que se llama Nicole. Otra flaca, le dicen Loli.

-Sí.

-Antonela…no sé si está en Chile…una morocha, flaca.

-Está en Chile.

-Claro…pero…necesitamos…dice ‘nueva’. ¿Entendés?

-Seguro. Estas que te mandé… ¿las conocés?

-No.

– Una tiene diecisiete años…

 

El 26 de octubre de 2012, una mujer -cuyas iniciales son F.R.A- se presentó en la Fiscalía Federal N° 1 de Salta y dijo que Claudia Marcela Castro y Jessica Marisol Aguirre dirigían desde el Noroeste de Argentina los movimientos locales de una organización criminal internacional.

Según la denuncia, esta mafia operaba en el país con un objetivo único: captar mujeres, someterlas, trasladarlas y –finalmente- alquilarlas como esclavas sexuales para obtener dinero a través de la explotación de sus cuerpos.

Los agentes de la Policía Federal y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria sabían perfectamente qué documentos buscaban cuando tumbaron la puerta de la casa en la que vivían Claudia Marcela Castro y Jessica Marisol Aguirre. Ambas mujeres estaban asociadas con un importante empresario de Chile llamado Mark Anthony Rodríguez Gómez.

Según información de Gendarmería Nacional, desde 2010 Mark Anthony Rodríguez Gómez entró y salió de la Argentina 22 veces; y su hermano, Jonathan Alex Rodríguez Gómez entró y salió 16 veces.

Por otro lado, Claudia Marcela Castro cruzó la frontera en 21 oportunidades, y Jessica Marisol Aguirre lo hizo en 19 ocasiones.

¿Quién es Mark Anthony Rodríguez Gómez? En Argentina hay poca información sobre este empresario. Puntualmente, se conocen cinco datos concretos:

-Al cierre de esta publicación, estaba prófugo de la Justicia y tenía un pedido de captura internacional.

-Entre 2009 y 2015 administró al menos dos clubes nocturnos en la localidad fronteriza de Calama, Chile.

-Declara como su domicilio oficial uno de estos dos clubes nocturnos en Chile.

-Intentó abrir un club nocturno llamado “El señor de la noche” en Salta, Argentina, pero sus dos socias –Castro y Aguirre- fueron acusadas de integrar una red de trata de personas, y encarceladas preventivamente.

-Una de sus socias –Castro- tenía un Poder Especial que le permitía realizar todo tipo de trámites en representación de Mark Anthony Rodríguez Gómez.

-El documento que prueba el vínculo del empresario con Castro y Aguirre-

La denuncia inicial señala que las mujeres captadas por esta red eran explotadas en Argentina, y también trasladadas al norte de Chile, una rica región plagada de yacimientos minerales.

Los diálogos que Claudia Marcela Castro y Jessica Marisol Aguirre mantenían con sus operadores territoriales y con los clientes de la mafia se transformaron pruebas irrefutables para los investigadores judiciales.

-Hoy hay una fiesta.

-¿Si? Mirá vos.

-¿Conocés alguna chica? Se me borraron los contactos del teléfono.

-Podría ser la sobrina de Agustina, pero tiene 15 años.

-Vamos a ir en cana.

 

F.R.A realizó una denuncia en la Fiscalía Federal N° 1 de Salta porque, cuando era menor de edad, fue víctima de esta red conformada por tratantes y explotadores de mujeres. Una red que tendría –según el expediente- clientes del “poder político”.

El relato de esta joven –que tenía 18 años cuando acusó a la mafia- contiene macabros detalles sobre el circuito que las adolescentes recorrían mientras eran captadas y trasladas a Chile.

Por ejemplo, F.R.A detalló que cruzó la frontera utilizando un documento falso “con el nombre Florencia Rearte Scachi”. En aquella oportunidad, viajó en un automóvil con otras cuatro mujeres, presuntamente menores de edad, que –llorando- rogaban no ser trasladas al país vecino.

Finalmente –siempre según el relato de la joven- arribaron a la localidad de Tocopilla, Chile, “adonde permanecieron en una vivienda junto a otras 40 mujeres, mayores y menores de edad, provenientes de Ecuador, Paraguay, Bolivia y Perú”. En este punto, F.R.A explicó que ninguna de esas chicas tenía sus propios documentos.

Los datos de la investigación judicial indican que cuando Marcela Castro y Jessica Aguirre viajaban a través de la Cordillera de los Andes para ver al empresario chileno, se trasladaban con varias mujeres captadas por esta red de trata de personas. Es decir, viajaban con mujeres que luego serían explotadas en algún club nocturno de Chile.

 

-Yo no quería viajar durante la mañana. Le dije a ‘Jessi’ que viajáramos el miércoles.

Claro.  

-Pero no da, porque el tipo nos está esperando.

-No, más vale.

-¿Viste? Cuando uno tiene estos arreglos… llevamos como cinco, seis minas…van con nosotras.

-¿En el auto?

-No, no, no. Yo saqué a ‘Paolita’. La mandé en el colectivo.

 

El relato de la joven víctima F.R.A permitió –también- que las fuerzas federales irrumpieran en el inmueble que Castro, Aguirre y el empresario chileno Mark Anthony Rodríguez Gómez habían preparado en la provincia de Salta para poner en funcionamiento un ‘cabaret’.

Según el informe de los agentes, el sitio tenía “características similares a un galpón de depósito con una barra para expendio de bebidas”.

En el domicilio de Claudia Marcela Castro “se secuestraron constancias de giros de dinero remitido por el ciudadano Mark Anthony Rodríguez Gómez”.

 

-Hola, Omar.

-Jessi, ¿cómo estás?

-Bien. Todo bien.

-Me alegro mucho.

-¿Te puedo hacer una pregunta, Omar?

-Dime.

-¿Te hacen falta niñas? Tengo tres muy lindas, recién llegadas, que quieren trabajar.

 

Del testimonio de F.R.A se desprenden dos datos importantes: en primer lugar, la joven confirmó que Castro golpeaba a las adolescentes, y las amenazaba diciendo que podía dañar a sus familias. También decía que tenía el poder para involucrarlas en una causa judicial de narcotráfico, porque contaba con contactos en ‘la policía’.

Por último, tal vez sin imaginar el alcance de sus palabras, F.R.A dijo a los investigadores judiciales que Marcela Castro estaba fuertemente vinculada con los administradores de dos prostíbulos específicos que funcionaban en la ciudad de Salta. Estos dos prostíbulos fueron allanados y los casos se abordarán en los dos capítulos posteriores.

En cuanto al destino de los tres acusados en esta investigación –las dos mujeres y el empresario prófugo- el fiscal Ricardo Toranzos y el titular del Juzgado Federal N°1, Ricardo Bavio, impulsaron y dispusieron –respectivamente-  los procesamientos “con prisión preventiva, por considerarlas coautoras prima facie responsables del delito de trata de personas por haber captado, ofrecido y trasladado a mujeres con fines de promover, facilitar y comercializar la prostitución ajena, agravado por haber abusado de la situación de vulnerabilidad de aquellas, por el número de víctimas, por haberse consumado la explotación y por la presencia de menores de 18 años”.

Finalmente, Castro y Aguirre fueron condenadas pero con una calificación delictiva más leve.

 

La conexión “Calama”

La misma denuncia que permitió perseguir a Mark Anthony Rodríguez Gómez, y encarcelar a Claudia Marcela Castro y Jesscia Marisol Aguirre, se cruza –según declaraciones de una testigo clave- con otra investigación realizada por la Policía Federal, que comenzó el 29 de mayo de 2013.

Durante los procedimientos de infiltración, casi inmediatamente, los agentes detectaron movimientos extraños en la principal terminal de ómnibus de la provincia de Salta.

Según intuían los detectives, algunos taxistas –que trabajaban en la estación de colectivos- conformaban el primer eslabón de una red de trata de personas y explotación sexual que movía mujeres entre Jujuy, Brasil y Chile.

El 15 de agosto de 2013, al menos 70 agentes de la Policía Federal y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria ingresaron violentamente en tres viviendas y en tres ‘cabarets’ de Salta. Hasta allí, llegaron con perros e investigadores de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

Mientras se realizaban los operativos, un funcionario de la AFIP confirmó a la prensa que, con los allanamientos, intentaban quebrar a una segunda célula “estrechamente vinculada con la conexión de Calama, Chile”. Es decir, vinculada con la mafia que intentaba instalar en Argentina una sucursal de “El señor de la noche”.

Según información del expediente judicial, en una de las casas los agentes federales confiscaron “fotocopias de documentos, un revólver, 52.210 pesos y fotografías de mujeres”. Los tres ‘cabarets’ allanados se llamaban ‘Terra Nostra’, ‘Quijote’ y ‘Blue Sky’, este último también conocido como ‘Rumy’.

En este punto del relato es necesario realizar una aclaración histórica. El 13 de diciembre de 2008 desapareció en la ciudad de Salta una mujer llamada María Ester Maidana. Trabajaba en el bar de “Quijote”, y aún nadie ha podido encontrarla. Sus dos hijos todavía la esperan. Tiene 35 años.

Durante los allanamientos mencionados, en estos tres antros inmundos la PFA y la PSA rescataron a 34 mujeres víctimas del delito de trata de personas. Además, los detectives hallaron droga.

Tras los operativos policiales, el Ministerio Público Fiscal (MPF) indicó que muchas de las víctimas rescatadas “no tenían sus documentos de identidad” y “dijeron que los habían extraviado”. Pero finalmente los equipos de contención psicológica que ingresan junto a los federales, constataron que “los dueños de los locales” tenía las identificaciones de las mujeres.

El 17 de octubre de 2013 –siempre según información del MPF- el Juzgado Federal N°2 de Salta “dispuso el procesamiento y la prisión preventiva de seis personas acusadas de los delitos de promoción de la prostitución, facilitación del lugar para ejercer la prostitución y captación con fines de explotación sexual, agravados por la vulnerabilidad de las víctimas”.

Sin embargo, el 2 de junio de 2014, los jueces de la Cámara Federal de Apelaciones de Salta revocaron los procesamientos con prisión preventiva, liberaron a los sospechosos, y cambiaron la acusación contra los detenidos…cuya conducta los magistrados resumieron en “facilitación de la prostitución”.

Sobre esta decisión de la Cámara Federal de Apelaciones de Salta, el fiscal de la causa, Eduardo Villalba, dijo: “Se trata de un fallo desacertado, que fue en un sentido contrario al esfuerzo puesto en la investigación”

Por último, al analizar el desarrollo de este caso y la actuación de los jueces salteños, el fiscal de la Procuraduría Contra la Trata y la Explotación Sexual, Marcelo Colombo, explicó que en “estos casos” suele haber problemas “para avanzar hacia los núcleos de poder más duros” porque existen “funcionarios públicos muy poderosos, que pueden tener contactos con funcionarios judiciales”.

La conexión “Lamas”

-Graciela

-Hola, ‘Mari’. ¿Todo bien?

-Todo bien. ¿Ahí?

-Bien

-Anotá bien cada vez que alguna chica se ocupe.

-Sí. Anoto en el cuaderno de hojas cuadriculadas.

-Sí.

-Anoto… ‘pagado’.

-Sí. Cada vez que hagan un ‘servicio’.

-Dale.

-En un rato estoy por ahí.

-Dale.

-Si alguna quiere comer, dale la plata y anotá en ‘deudas’.

-¿’Mari’?

-¿Qué?

-Llamó un tipo. Dice que quiere acostarse con varias chicas.

-Comentale la tarifa de ‘fiesta privada’.

-¿La que es más cara?

-Sí.

 

Los detectives conocían todos los movimientos de María del Valle Lamas. La vigilaban desde un automóvil. Si ella se movía, ellos también se movían.

No tardaron muchos días en corroborar que era verdadera la información aportada por la joven de 18 años que denunció a la mafia de “El señor de la noche”: en Salta, Lamas manejaba una pequeña red dedicada a la trata de personas y la explotación de personas. Sin embargo, aún hoy resta saber si existía otra conexión entre Lamas y los criminales de Calama, Chile, más allá de la amistad que mantenían las mujeres cabecillas de ambos grupos criminales.

Los policías encontraron documentos importantes en la casa ubicada en la calle Juramento 2378.  

Mientras un grupo de detectives irrumpía en la vivienda de Lamas, otro grupo de agentes entró en una casa ubicada sobre la calle Moldes, altura 232. Tras cruzar la puerta destruida, los agentes encontraron cinco mujeres semi-desnudas.

La revisión de los documentos incautados y las entrevistas con las víctimas rescatadas barrieron dudas. Para el Ministerio Público Fiscal la situación era clara. Lamas tenía montada una red delictiva que captaba y explotaba mujeres. Y este documento lo confirma:

Finalmente, tras varias apelaciones, la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal evitó que Marina del Valle Lamas sea procesada bajo la simple acusación de “facilitación de la prostitución”.

Los jueces porteños Mariano Hernán Borinsky, Juan Carlos Gemignani y Gustavo M. Hornos respaldaron la acusación del Ministerio Público Fiscal y –siempre según el expediente- confirmaron “el procesamiento dictado respecto de Marina del Valle Lamas pero en orden al delito de trata de personas en la modalidad de oferta y acogida con fines de explotación sexual, agravado por la cantidad de víctimas”.